miércoles, 21 de junio de 2017

Análisis de El jardín de los cerezos por Clarissa López Tello


Introducción: Chéjov y su obra dramática 
Por Clarissa López Tello 
Antón Pávlovich Chéjov nació en Taganrog en el año 1860 y su muerte está fechada en los primeros cuatro años de los años 1900 en Badenweiler. El escritor ruso destacó en la narrativa y en la dramaturgia; se le reconoce como el representante más destacado de la escuela realista en Rusia, su obra es una de las más importantes aportaciones a la literatura universal. El estilo de Chéjov está marcado por un acentuado laconismo expresivo y por la ausencia de tramas complejas, a las que se sobreponen las atmósferas líricas que el autor crea ayudado por los más sutiles pensamientos de sus personajes.  
Chéjov se apartó decididamente del moralismo y la intencionalidad pedagógica propios de los literatos de su época (en una Rusia convulsa y preocupada por su destino) para apostar por un tipo de escritor carente de compromiso y pasión, una idea de la literatura que rechazaba el principio del autor como narrador omnisciente. 
Las características principales en la obra de Chèjov mantienen estrecha relación entre ellas. La primera corresponde a la búsqueda exhaustiva de la verdad, oculta entre la trama, necesaria para revelar el sentido de la obra. El subtexto está presente en todo el desarrollo dramático, lo no dicho, las pausas y los silencios, en la totalidad descifrable. Cabe destacar que el teatro de Chéjov superó los antecedentes rusos, los cuales se enfocaban únicamente en el primer actor, Antón le dio la voz a cada uno de los personajes y permitió su descubrimiento a lo largo de la tragedia. 
La atmoósfera del teatro realista de Chéjov penetra en los conflictos superficiales de los personajes, congela el transcurso del tiempo, maneja las relaciones por contraste, permite al lector ser el juez de las acciones de los actantes, subraya las contradicciones de la conducta humana y no trata únicamente de ambientar, sino de crear los espacios. Este carácter innovador será el que veremos en la tragedia El jardín de los cerezos. 

Análisis de El jardín de los cerezos
En los inicios de mi formación académica he comprobado en numerosas ocasiones que en la literatura nada es gratuito. Al comienzo de esta obra magistral, Chéjov nos sitúa en la plenitud de la primavera, mas el paisaje paradisíaco que nos pinta del jardín de los cerezos permanece amenazado por el frío y la tempestad que las personas a su alrededor desatarán. Podemos decir entonces que, uno de los personajes principales es precisamente este fragmento de la naturaleza. 
Para el primer acto, la familia del terrateniente recuerda por medio de la analepsis, la vida pasada, la maravilla de su infancia, pero también la tragedia de la muerte. “Un mes más tarde, después de haber pasado seis años de la muerte de mi padre, Grischa, mi hermano, un chiquillo muy guapo de siete años, se ahogó en el río.” (Chéjov, 1971: 147) En la página siguiente se lee: “en otros tiempos mi hermano y yo dormíamos en este cuarto, y ahora, aunque me resulte tan extraño, ya tengo cincuenta años.” Es importante resaltar que en la tragedia predomina el sentimiento nostálgico a causa de las desdichas de las que ha sido testigo la casa. 
El tiempo es uno de los temas más importantes en la obra, continuamente se recalca su importancia a través de recursos líricos, en este caso, la personificación: “el tiempo se nos escapa de las manos” (Chéjov, 1971: 149), este tiempo es un ente dotado de vida, que da, que quita y los personajes lo reconocen, cual fuerza superior al hombre. Otro de los temas fundamentales es la muerte, algunos mueren dentro de los límites de su cosmos, otros salen de él, pero igualmente, se entiende como una salida total: “mientras estabas fuera se murió el alma […] también murió Anastasii. Y Petruschka se fue de casa y ahora está en la ciudad” (Chéjov, 1971: 151). 
Es importante encomiar el carácter poético de la dramática de Chéjov, el desarrollo trágico se ve matizado por comparaciones, personificaciones, metáforas y demás figuras retóricas. Ejemplo de la primera tenemos: “me trata sin piedad, como una tormenta a una pequeña embarcación.” “¡Sea libre como el viento!” En cuanto a la segunda, se observa: “mi alma, en todo momento, día y noche, está llena de inexplicables presentimientos, “nuestra vida es bastante necia.” Y la metáfora presente a lo largo de la historia corresponde a la evocación de la vida como “un valle de lágrimas” (Chéjov, 1971: 169-187). 
La fascinación por la naturaleza es otro de los temas constantes de la obra, nuestros personajes están inmersos en un mundo alejado, en una extensión territorial muy aparte del mundo materialista ruso. En su microcosmos la tierra encierra un sinfín de sitios encantadores, donde se encuentra toda la tradición familiar del terrateniente. Por tanto, esta reiteración de criticar a la Rusia contemporánea: “estamos viviendo en un atraso de por lo menos doscientos años y no tenemos absolutamente nada.” (Chéjov, 1971: 186) 
Retomando la línea poética, otra de las manifestaciones es la animación de la luna: “¡la luna sale! […] He aquí que ya llega, que se acerca más y más, que escucho ya sus pasos.” Al igual, este recuso lo encontramos para encomiar la grandeza del jardín:  
Su jardín es temible, y cuando se le atraviesa por la noche o incluso al anochecer, la buena corteza de sus árboles esplende con brillo opaco. Se podría asegurar que los cerezos contemplan, en sueños, lo que fue hace cien o doscientos años y que una abrumadora pesadilla los oprime. (Chéjov, 1971: 186) 
El jardín de los cerezos, en base a la primera afirmación, lo considero como un personaje que siente, que vive la situación en la que están envueltos el resto de los personajes. La problemática pecuniaria de Liubova y su familia fragmenta la estabilidad de las tierras de la hacienda. Por lo que, en este pequeño mundo, la terrateniente y el jardín son uno mismo y he aquí el motivo de la desdicha familiar: al perder las tierras, pierden su vida, se condenan a la inexistencia en vida. 
El futuro del jardín está condenado por la amenaza latente de la subasta anunciada por medio de la prolepsis: “su jardín de los cerezos ha sido puesto a la venta para saldar, con el dinero que se obtenga de él, las deudas, tras haberse fijado la subasta el día 22 de agosto” (Chéjov, 1971: 152). La decisión se encuentra dividida, por una parte la venta total y con ella la muerte de sus habitantes, y por otra la venta parcial y con ello, la división de la tierra para la construcción de la villa vacacional. 
En cuanto a los personajes, es pertinente resaltar las características que los condenan a la némesis (a guisa de la tragedia clásica griega). En primera instancia, se encuentra Liubova, una mujer de clase, una dama conocedora del mundo externo a la hacienda, que desde su juventud se vio desdichada por el amor. En ella recae todo el peso de la familia y sobre todo del destino; como personaje trágico por excelencia, ella mantiene una lucha constante con la fatalidad de esta fuerza que está más allá del entendimiento humano. Aspecto que contrasta bastante con Trofimov, el estudiante que se deja llevar totalmente por lo externo a él, su decisión se mantiene siempre a la deriva. 
Las hijas de la terrateniente poseen su valor principal en la esperanza, ellas dotan de belleza la vida amarga de su madre, se mueven con cautela y la mayor, principalmente, advierte del peligro inminente en que se encuentran cayendo el resto de los personajes. Sin embargo, en la tragedia existen otros personajes que le dan un toque cómico a la historia, ejemplo de esto es Epidojov, el escribiente o mejor conocido como “las veintidós desdichas.” 
El personaje más complejo dentro de la tragedia es Lopajin, en un principio se muestra tras la cortina del hijo de un simple mujikheredero de la fuerza laboral, la única que lo ha enriquecido. Pero, más adelante, se descubre como el repartidor de la desgracia. A lo largo del acto tercero y cuarto se prefigura la tragedia, comienza con el anuncio: “el jardín de los cerezos [ha] sido vendido hoy.” (Chéjov, 1971: 202) La peripecia se va dando a la par de la anagnórisis, tal como el esquema trágico lo marca. 
El reconocimiento del nuevo dueño Lopajin lleva a la familia en catábasis, es decir, en declive. Los recuerdos de su vida pasada y las promesas del porvenir han desaparecido y la felicidad efímera de ver a la familia reunida de vuelta se esfuma. Sin embargo, la tragedia no culmina en eso, el monólogo de Lopajin está cargado de soberbia al denominarse a sí mismo terrateniente. Este pecado de hybris se sustenta en el poder del dinero: “todo puedo pagarlo” (Chéjov, 1971: 211). 
La anagnórisis desgarra aún más el corazón de Liubova, en palabras de su hija se escucha: “¡se ha vendido el jardín de los cerezos! Ya no existe, es cierto, pero no llores” (Chéjov, 1971: 212). El hastío en que cae la familia se enuncia a partir de las sensaciones a las que evoca el texto, como el frío del mes de octubre que ha desplazado totalmente las primeras evocaciones al calor hogareño con el que inició la obra. 
Y como mencionaba al principio, en la literatura nada es gratuito; el fin de la tragedia se enmarca en el mes de octubre y los inicios del invierno traen consigo la venida del frío desgarrador que termina por envolver a los personajes en el panorama más trágico. La familia se despide y las didascálias traen el anuncio del final inminente: “reina el vacío […] en medio de tal silencio, se da un sonido solitario y triste: el de los golpes de hacha que caen sobre un árbol.” El final, muy al estilo desolador de Chéjov, en palabras de Firs (el lacayo más viejo) cierra el telón con las siguientes palabras: “se han marchado. Se olvidaron de mí” (Chéjov, 1971: 233). 

Bibliografía 
Biografìas y vidas (2004), Antón Chéjov, [en línea], disponible en: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/chejov.htm, consultado el (14/05/17). 
Chéjov, A. (1971), El jardín de los cerezos, trad. Piñeiro, J. Barcelona: Editorial Bruguera. 
Chekhov, A. (2001), Teatro Antón Chéjov, México: Porrúa. 
Dramaturgiados (23/04/13), Un breve acercamiento al Teatro de Chéjov[en línea], disponible en: https://dramaturgiados.wordpress.com/2013/04/23/un-breve-acercamiento-al-teatro-de-chejov/, consultado el (14/05/17).

3 comentarios:

  1. Muy buen análisis, pero no entendí bien cuál era la anagnórisis de la obra.

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  2. La Anagnorisis la vive Liubova al enterarse que su jardín ha sido vendido. Antes vivía en la incertidumbre.

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